Lo que pocos saben de Luis Petriconi, es que su historia llamó la atención de Basadre, porque le sorprendió que un intelectual que abogaba o defendía la industrialización y la modernización del país, se dedicara a una granja tradicional en Abancay

Los cementerios generales fueron creados como “Panteón”, un lugar sagrado para que los ciudadanos rindieran honores a los héroes de la patria y a los grandes e ilustres personajes de la historia. Algunos historiadores señalan este intento como el deseo de consolidar y construir una memoria común que permitiera la unión entre los ciudadanos. Y es que recorrer un cementerio nos transporta a hechos históricos que nos hacen valorar y querer lo nuestro con humildad, porque nos recuerda que no somos eternos y lo que dejamos en esta vida es lo que hicimos y dimos de corazón.
En Abancay, hasta antes de noviembre del 2021, muchos abanquinos y foráneos que viven o han visitado esta tierra, no contaban con cuantiosa información sobre el valor histórico del cementerio general “Luis Petriconi” ubicado en Condebamba, y de su profunda conexión con la historia de esta ciudad.
Gracias al documental audiovisual de 22 minutos de historia producido por la Sociedad de Beneficencia de Abancay, se ha dado a conocer el Abancay de antaño, sus haciendas, sus antiguas calles, sus tradiciones, y en general, ha permitido darle una mirada histórica que nos muestra el comportamiento social de la sociedad abanquina, y también nos ha ayudado a ir descubriendo el discreto encanto de este cementerio, aunque la palabra “encanto”, puede leerse extraño.
Primero, precisar que los cementerios son la historia de las ciudades en cualquier país, por el rico aporte de los cementerios como objeto de investigación que les ofrecen a los historiadores. De hecho, el espíritu de este proyecto es la promoción y difusión de la cultura y la historia porque permite la transmisión, la comunicación del conocimiento, lo que enriquece el bagaje informativo de una persona.
Hace poco observamos con mucho beneplácito, la importante cantidad de visualización (cuando se hace viral una publicación) y comentarios positivos sobre el documental del Cementerio “Luis Petriconi” de Condebamba, en conocidas páginas de la red social Facebook. Este hecho se traduce como una manera de despertar la identidad y sentido de pertenencia con Abancay, y también una nostalgia con el Abancay que nos contaban nuestros abuelos, historias que trascienden generaciones. Recordemos que Abancay -como describe Luis Echegaray en su libro Abancay Siglo XX, trazos de su historia- es un enclave, en sus orígenes predominantemente hispano, asentado en un lugar difícil en los andes.

La historia del cementerio de Condebamba
De acuerdo a una revisión histórica en la documentación de la Sociedad de Beneficencia de Abancay, el Cementerio General de Abancay fue donado entre los años 1869 y 1890, por su benefactor Luis Petriconi -en ese entonces- propietario de la hacienda Patibamba, cuya extensión abarcaba hasta lo que hoy es conocido como Condebamba y Tamburco.
El cementerio “Luis Petriconi”, alberga tumbas, nichos, criptas y mausoleos de ilustres personajes, tanto hombres como mujeres, que escribieron la historia del Abancay. Los historiadores lo dicen y destacan: “Existe una gran importancia patrimonial en los cementerios”, y la ciudad de Abancay no es la excepción con el cementerio Luis Petriconi. Sin embargo, aclaramos que antes de que se registre esta importante donación, el antiguo cementerio funcionaba donde hoy se encuentran las instalaciones de la Sociedad de Beneficencia de Abancay.
Y cuando se registra el traspaso del antiguo cementerio al actual (de Condebamba) se trasladaron muchos restos. Por ejemplo, en este cementerio se registra un espacio de mausoleos donde están los restos de los primeros socios de la Sociedad de Beneficencia. Según el primer libro de actas de la Sociedad de Beneficencia Pública de Abancay (Hoy Sociedad de Beneficencia de Abancay), este cementerio pasa a ser administrado por la institución benéfica en junio de 1890, siendo director, el doctor José E. Luna, designando como inspector del Cementerio General de la Sociedad de Beneficencia Pública de Abancay a Mariano A. Ismodes.
Una fecha importante a mencionar es el 20 de agosto de 1893 porque se aprobó la mejora del cementerio general y se designó que se realicen misas y entierros a la vez, con el fin de transformar este panteón donde la comunidad pueda respirar nuestra historia y conocer a todos, quienes de diferentes ámbitos han hecho grande a la ciudad de Abancay.
El legado de Luis Petriconi
Según Luis Echegaray en su libro Abancay Siglo XX, Luigi Petriconi (1820-1883) es un italiano de origen ligur, profesor de filosofía que llegó del sur de Italia al Perú, como refugiado político de la opresión austriaca y en busca de nuevos aires y tierras, llegó a Abancay cuando frisaba los 40 años.
Bonfiglio, nos dice que en 1848 se registraron disturbios revolucionarios en numerosas ciudades de Italia al igual que en otras partes de Europa, dando como consecuencia que La Armada Borbónica decida declarar la guerra a Austria, en alianza con los Estados Papales y el Reino de las Dos Sicilias, atacando a la debilitada Austria en sus posesiones italianas. Esta situación dio lugar a duras represalias contra los italianos, dando origen un éxodo”, se trata de acontecimientos históricos que explican las migraciones de esa época.
El economista Rolando Viladegut Bush, refiere que este personaje es un italiano profesional e intelectual que llegó a nuestro país, alrededor de 1850, siendo un perseguido político como muchos italianos en un contexto de una oleada de salir de ese país hacia todo América latina. Como migrante, Petriconi llegó primero a Ayacucho don- de se hizo profesor de filosofía y como en muchos casos, se convirtió en un terrateniente con la dama huamanguina Manuela Velarde Alvares, hija de Francisco Velarde y Juana Alvares, terratenientes ayacuchanos. Tiempo después, a fin de mejores aires y tierras llegó a Abancay, don- de compró la hacienda Patibamba a José Manuel Bocangel en 1855 y desarrolló la industria del gusano de seda, con las primeras moras plantadas en las riberas del rio Mariño, aunque no obtuvo los resultados esperados.
Petriconi no fue un simple hacendado extranjero, él desempeñó un importante papel en la vida económica, social y cultural de Apurímac, sobre todo de Abancay. Cabe destacar también, que Luigi Petriconi figura como uno de los italianos que destacaron en “Estudios sobre la independencia económica del Perú 1876”, obra de carác- ter económico y de análisis social, considerado como un junto a Carlo Benini, Luigi D’onofrio, Carlo Levaggi y Antonio Cogorno.
Como producción académica, Luis Petriconi y Juan Copello, publicaron en 1876, el libro titulado: Estudios sobre la independencia económica del Perú, Allí expresan el pensamiento liberal de la época donde destacan de manera precursora, el gran potencial económico del Perú. Viladegut, señala que hace 3 años, el Banco Central de Reserva ha incorporado en la bibliografía de los pensadores económicos de todos los tiempos a este personaje, editando su libro en febrero del 2019.
En este libro se destacan modelos de organización para el trabajo y la industrialización del Perú. Estos modelos fueron aplicados en sus haciendas de Patibamba y Condebamba con la producción del gusano de seda y caña de azúcar, así como la producción de energía eléctrica en muchas haciendas de Apurímac, gracias a la sociedad que tuvo con los Martinelli. Industrialización que se fue perdiendo con el tiempo.
Lo que pocos saben de Luis Petriconi, es que su historia llamó la atención de Basadre, porque le sorprendió que un intelectual que abogaba o defendía la industrialización y la modernización del país, se dedicara a una granja tradicional en Abancay. Al respecto Petriconi manifestó que había hecho de Abancay su segunda tierra y que su amor por el agro le daba la oportunidad de sembrar todo lo que quisiera en ese valle maravilloso. Petriconi demostró que el ser un intelectual no era un obstáculo para dedicarse a la tierra para obtener sus frutos.
Hay que considerar que en esa época ya había cultivos de caña y era la hacienda de Patibamba, donde le daban valor a la caña. Otro dato importante es que el italiano Pandiani, socio de Petriconi, modernizó la producción de la caña de azúcar y alcohol, introduciendo la energía eléctrica en la zona y llevando electricidad a la ciudad de Abancay. Su paso por Abancay dejó huellas por su encomiable labor con la electrificación de la ciudad, a partir del tendido eléctrico hecho en Patibamba.
Petriconi también fue un promotor de la gastronomía italiana a través de la introducción del consumo de las pastas, los espaguetis, los ravioles, las hierbas y legumbres italianas, desconocidas en la región. Siendo en la actualidad “los tallarines hechos en casa” el plato más conocido y degustado en Abancay. Petriconi hizo acciones valiosas por Abancay, acciones filantrópicas donde él mismo, no imagino la trascendencia de estas. Este hacendado italiano, no solo donó las tierras donde hoy funciona el cementerio que lleva su nombre. El profesor de historia, José Miranda nos explica que este italiano fue más allá porque también obsequió las tierras donde hoy funcionan los colegios “Fray Armando Bonifaz” y “Manuel Jesús Sierra”, antes escuela prevocacional 661. Así también donó tierras donde hoy es la calle Mariscal Gamarra y la zona conocida como el “Valle del Olivo”.
Algunos datos interesantes encontramos durante la investigación -por ejemplo- es que el lugar donde se encuentra este camposanto: Condebamba, lleva este nombre porque en este lugar vivió un Conde (antigua- mente el conde podía ser la máxima autoridad de un territorio). Y la zona de Villa Gloria (también en el distrito de Abancay), tiene este nombre en honor a la hija del conde cuyo nombre era Gloria.
Muchas personas pueden creer que Petriconi era el dueño de Abancay y no les falta razón, pues a comienzos del 1800, visitantes venidos de otros lares definían a Abancay, como una pequeña ciudad al interior de una hacienda, y esta era la gran hacienda de Patibamba, que se extendía desde las riberas del río Pachachaca hasta las alturas de Tamburco.
Con la finalidad de rescatar y revalorar el nombre de Luis Petriconi en el cementerio (entre los años 2011 y 2012) la Sociedad de Beneficencia de Abancay, colocó el busto del ilustre hacendado extranjero en su nicho y restauró este mausoleo durante la gestión de la señora Dora Barrionuevo León de Batallanos, como reseña en la placa colocada en esta cripta.

El valor histórico del camposanto
A lo largo de nuestra historia peruana hemos recibido migraciones de distintos lugares del mundo y especialmente en Abancay se registró una importante migración italiana y con ello una influencia que se ha dejado sentir en nuestra cultura, especialmente en la gastronomía. Esta explicación brindada por el profesor de historia José Miranda, generó frases como “con razón los tallarines abanquinos”, “eso explica los apellidos italianos” y expresiones de orgullo y satisfacción de ir conociendo un poco más de nuestras raíces.
Así fue, Abancay tuvo una gran influencia de italianos que hicieron historia en Abancay como los Puccini, Petriconi, Caracciolo, Martinelli, Galimberti, Dogliotti, Padiani, Lattini, Motta, Letona, Berti, Mattasoglio y muchos otros. Hay que tener en cuenta que también se registró una no menos importante- migración de alemanes, así como de Palestinos que eran llamados “turcos”, pues llegaban con el pasaporte del Imperio Turco-Otomano, que a la sazón gobernaba Palestina. Igualmente para la minería llegaron muchos extranjeros: Dellepiane (italiano), Candiot (Francés), Böttger (alemán). Serapio Carbajal y Granda (españoles), Warthon (Irlandés) y los connacionales: Marín y Domínguez (Cajamarquinos), Torres Belón (puneño).
El registro de estos hechos históricos lo encontramos en el cementerio cuando vamos observando mausoleos de familias y personajes que llegaron a Abancay, se enamoraron de estas tierras y fueron enterrados en Condebamba, al abrigo de este valle primaveral como Luis Petriconi.
En cuanto a personajes ilustres, podemos decir que los despojos terrenales de innumerables generaciones de abanquinos e hijos adoptivos de este cálido territorio, han sido enterrados en el cementerio Luis Petriconi -por ejemplo- podemos mencionar a personajes como Amábilis Geimer, madre dominica directora del colegio “Santa Rosa”, como muchas religiosas que llegaron desde Alemania a Abancay el 22 de julio de 1938, Mut- ters: Theresia Allmannsberger, Reginalda Sattel, Albertina Jacob, Assunta Kaul, Corona Sauer, Agatha Lauer, Dioysia Hass, Prisca Schuh, Tarcisia Sturm. Está enterrada también la gran educadora Aurora Inés Tejada, los restos de la familia de David Samanez Ocampo, presidente de la República. El reconocido profesor Manuel Jesús Sierra Aguilar conocido como MAJESA y otros.
Vale mencionar que este camposanto cuenta con un mausoleo donde solo están enterrados los restos de sacerdotes extranjeros que evangelizaron en Abancay. Este camposanto también alberga los restos del héroe “Lozano” quién participó en el combate de 2 de mayo, y donde murieron soldados abanquinos, así como combatientes en la guerra del pacífico y combatientes de la revolución de 1910, según el profesor de historia, José Miranda Valenzuela.
Mencionamos también mausoleos de la familia Barra, familia Alvarado Murillo, Pinto Necochea, así como un pabellón especial para las personas que fallecieron en un sonado accidente en tránsito en la década del 90.
“Hay mucha gente intelectual que ha muerto en Abancay, desde los italianos, los ingleses, los alemanes, los turcos. También llegaron en la época de la hacienda cuando los jesuitas trajeron 300 negros de lo cual no han dejado herederos”, nos dice Miranda. Su entrevista lo cierra con esta frase: “El cementerio Luis Petriconi es un patrimonio cultural y tierra santa donde reposan los restos de grandes hombres y la gente del pueblo. Mucha gente que ha llegado a radica a Abancay ha fallecido y han sido enterrados aquí”.
Aunque pueda sonar un poco fuerte por los tiempos de pandemia que estamos viviendo, desde el 2020 se han enterrado en un pabellón especial, a las víctimas de la COVID-19, con protocolos diferentes a otros tiempos y que estamos seguros -como otros hechos históricos- las futuras generaciones encontrarán en este camposanto información sobre estos tiempos difíciles.
La “almita” Delfina y sus devotos
En la zona de ingreso de este camposanto, se encuentra la tumba donde yacen los restos de María Delfina Duque Mattasoglio, sus devotos la llaman “La almita Delfina”, donde sus fieles nunca le hacen falta oraciones, flores y velas en su tumba. Una característica típica cuando visitamos un cementerio general, donde se muestran las tradiciones más arraigadas de un pueblo. La leyenda urbana de “Almita Delfina”, cuenta que la señorita Leonor Elvira Duque Mattasoglio padeció sufrimientos por parte de sus familiares porque se enamoró de un joven cusqueño que no convenía a los intereses de la familia.
La leyenda dice que esta joven estuvo encerrada en una habitación de la casa hacienda Tambobamba donde gracias a su vocación piadosa y su devoción, dibujó una imagen de Jesucristo. Tras su muerte, fue sepultada en la capilla de la hacienda Tambobamba, pero ante la llegada de numerosos lugareños a venerarla, sus res- tos fueron trasladados a este cementerio. Como se trata de una leyenda urbana, también hay otras historias donde señalan que María Delfina sufrió de hechos violentos por parte de su hermano.
Según el relato de Francisco Aguilar Arroyo “Panchito”, Trabajador de este cementerio, la “Almita Delfina”, tiene fieles devotos porque mucha gente, antes de visitar a sus seres queridos vienen a la tumba de “Almita Delfina” y vienen por devoción de manera espontánea, a dejar flores e incluso arreglan este nicho y dejan dinero. Don Panchito agrega que el padre de la señorita Mattasoglio -cuando vivía- el dinero recibido por los devotos lo transfería al cementerio para arreglar el nicho.
Paranormales y guardianes
Existe una historia muy repetida o conocida que la gente cuenta con frecuencia cuando se trata de hechos paranormales, y en este cementerio encontramos una similar. Se trata de la historia de una dama que recorre el panteón, Don Panchito refiere que entre la noche y la madrugada se siente y escucha la presencia de una dama (que es identificada como tal, por el sonido de los tacos), en los pasillos de la zona de ingreso del camposanto de Condebamba. No hay más sonidos y por increíble que pueda parecer, los panteoneros afirman que ya se han acostumbrado a estos ruidos que a un “normal” lo dejaría muerto del susto.
Respecto a las creencias, existe una historia que se combina entre hechos reales y creencias populares. Se trata del caso de una adolescente de 14 años que estaba embarazada y se quitó la vida, horas después de ser enterrada (en la noche), los vecinos contaron que escucharon gritos como si alguien la llevará del lugar. La explicación que daban los vecinos del cementerio es que así los sacan “el enemigo o el diablo”, a las personas que se quitan la vida.
Aquí hay innumerables historias paranormales recogidas con los guardianes de este cementerio: Don Fran cisco Aguilar Arroyo conocido como “Panchito” y Don Hermeneguildo Taipe Aroni.
Los guardianes del camposanto nos dicen que no es fácil afrontar situaciones paranormales en este trabajo, pero han aprendido a no tener miedo gracias a la fortaleza que les da nombrar el nombre de Dios y por su- puesto su fe.
Entre las historias más aterradoras que han vivido de estos valientes trabajadores, destaca la noche cuando quedaron paralizados del susto luego de ver unas cabezas voladoras, hecho que les provocó un tremendo susto que los dejó perplejos ya que se quedaron mudos y se durmieron de inmediato; este suceso ocurrió cuando subían hacia un cuarto de descanso ubicado en el segundo piso cerca al cuartel exaltación, durante el servicio de noche.
Esas cabezas son conocidas popularmente como humatos, los “ayay umas” o cabezas andantes, cuyas historias han estado presente en varias regiones de nuestra En las serranía como Apurímac, Ayacucho, Junín o Puno, aunque también, la leyenda es narrada por diversas tribus de nuestra Amazonía. En Abancay se han escuchado casos de personas que han visto a estos humatos en Pachachaca y en los alrededores de las instalaciones de lo que es hoy el hospital de EsSalud Abancay. De hecho, Las Cabezas voladoras es quizá una de los mitos más extraños de nuestro país. Según el libro Mitos y Leyendas de Apurímac, en los Andes las cabezas voladoras se presentan de manera física y tienen siempre una connotación maligna o perjudicial a quien se le presenta.
Condebamba: Tierra Santa
El cementerio de Condebamba guarda valiosa información de muchos años de historia y una profunda conexión con la historia de Abancay y de la región Apurímac, y es que aquí reposan una innumerable cantidad de abanquinos e hijos adoptivos de esta hermosa tierra.
Cabe destacar que la Sociedad de Beneficencia de Abancay ha producido un documental audiovisual (que es la base de este articulo), que ha permitido mostrar y destacar a los personajes enterrados en este camposanto, así como el valor histórico de un cementerio en la historia de una ciudad. Sobre este documental hemos escrito este articulo a fin de continuar la senda de la cultura e identidad con lo nuestro y sobre todo explicar a las nuevas generaciones muchos porqués, referente -por ejemplo- a las tradiciones que pueden ser mezclas de culturas, a la gastronomía donde se registraron influencias (como el plato bandera de Abancay: los tallarines hechos en casa), o el nombre de este cementerio Luis Petriconi, así como el nombre de calles o avenidas conocidas y tanta información que era desconocida para muchos.
Estas producciones culturales son materiales documentados que transmiten información y mensajes, a fin de fomentar las tradiciones y costumbres para fortalecer la identidad cultural local (que es el conjunto de va- lores, tradiciones, símbolos, creencias y modos de comportamiento que funcionan como elementos dentro de un grupo social). Por ello, contar con estos elementos nos asegura contar con generaciones de personas que no dejen de lado nuestra verdadera esencia, nuestro sentido de ser, nuestro origen, nuestra historia, nuestro sentido de pertenencia y con ello nuestros valores.
La identidad con nuestra cultura regional es la simple respuesta a la pregunta ¿quiénes somos? Sin excluir el plano individual o lo grupal. Quienes somos en el contexto cultural, de donde vienen nuestras creencias, tradiciones usos y costumbres. A partir de esto, actuamos a partir de nuestras coincidencias culturales; observando la singularidad de estas manifestaciones que pueda en medio de la heterogeneidad lograr un consenso único, válido y aceptado, como se ve en el baile de las “bellas abanquinas”, que se muestra en los carnavales.
El plano de la memoria colectiva es importante porque mantiene una línea en el tiempo, la continuidad de nuestra historia, a pesar de quienes tuvieron la precaución de escribir o dejar oralmente tradiciones o hechos históricos, están muertos y muchas veces actos trascendentes del diario vivir se pierden en el tiempo. Conocer nuestros muertos es un deber de todo investigador serio, porque nos permite indagar en su vida y conocer los aportes que hicieron en vida. Es, entonces, el cementerio la evidencia de quienes vivieron en cada época de la historia de Abancay y desde sus tumbas nos llaman a que los conozcamos, con sus hechos concomitantes. La identidad cultural pasa por este conocimiento de una historia que está allí, esperando que personas curiosas, lean el pasado a través de sus vidas, como la que reseñamos de Luis Petriconi.
Por ello es importante también la puesta en valor de la memoria colectiva, que es la recopilación de información del ideario colectivo valorando a nuestros adultos mayores como fuente de conocimiento y esencia de identidad. Y son ellos también, quienes nos han permitido retroceder en el tiempo para hilar estas historias y darle a Abancay, mayor sentido de pertenencia y orgullo de vivir y conocer “El Valle de la Eterna Primavera”.
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