Los sucesos violentos de años previos han revelado que la acción de algunas ONGs no está destinada al objeto social constitutivo que revelarían sus estatutos, sino que actúan como productoras de argumentos hostiles en contra del desarrollo de uno o más proyectos mineros

Por: Guillermo Vidalón
Comunicador Social especialista en la Industria Extractiva
El jefe de propaganda nazi durante la II Guerra Mundial, Joseph Goebbels, solía afirmar: “Miente, miente que algo queda”, inclusive, se jactaba de su desprecio por la ética y todo valor moral con tal de lograr sus objetivos. En la actualidad, lamentablemente, esta conducta tiene seguidores, quienes además de mentir, promueven el caos y la violencia, aprovechando cada escenario divergente para transformarlo en un conflicto con consecuencias fatales con tal de lograr imponer su culto a la pobreza.
En ese sentido, estos grupos emplean la desinformación como herramienta para impedir el surgimiento de oportunidades que permitan crecer y desarrollar. Cuando desde una perspectiva marxista (es decir sesgada) se analiza “la correlación de fuerzas” para determinar oportunidades en función a los vínculos de poder, se corre el riesgo de que el observador califique negativamente el rol que le corresponde a un actor social, sea persona natural o jurídica.
Cuando con relación a un proyecto minero se descontextualiza y se afirma: “(…) la empresa anunció la decisión de iniciar la etapa de construcción del proyecto y esto ha desencadenado reacciones opositoras a nivel local que anticipan un escenario conflictivo”. Cabe preguntarse si se está expresando un deseo del observador.
Una empresa que cuenta con todos los permisos para ejecutar un proyecto está ejerciendo su derecho a su concreción de manera legítima. Los sucesos violentos de años previos han revelado que la acción de algunas ONGs no está destinada al objeto social constitutivo que revelarían sus estatutos, sino que actúan como productoras de argumentos hostiles en contra del desarrollo de uno o más proyectos mineros. En consecuencia, quienes generaron y promovieron escenarios de conflicto en el pasado no deben ser presentados como “reacciones opositoras a nivel local”. Quien elabora una narrativa confrontacional tiene por finalidad estimular el surgimiento de un conflicto, motivo por el cual emplea el recurso de la mentira o “Fake News” para otorgar apariencia de verdad a algo que corresponde a la reiteración de una mentira.
Quien emplea el análisis marxista de la correlación de fuerzas para develar una “verdad” es porque confía en esa herramienta y, por lo tanto, se identifica con ella. El pensamiento marxista es opuesto a que las personas desarrollen su máximo potencial en provecho propio y de la sociedad, porque un emprendimiento exitoso alcanza esa condición, sí y solo sí, logra el reconocimiento social de sus consumidores. Por esa razón, el marxismo se opone a todo aquello que genere oportunidades económicas desde el ámbito privado y busca el poder para coactar a las personas, bajo esa perspectiva, los líderes de estas organizaciones soslayan la vida, constituyéndose en cultores tanáticos y de pobreza como sistema de igualación social.
Cuando se afirma con relación al proyecto de una empresa, que esta tiene “antecedentes negativos” y no se menciona que operaba cumpliendo los estándares socio-ambientales de la época, se está desinformando. En otra parte del documento señalan: “Cuando la discusión del conflicto tiene como principal eje de discusión, las acciones de protesta violenta y/o los posibles muertos y heridos” y, luego se hace hincapié en: “Para el Ejecutivo lo que sí le representa un costo difícil de asumir son las posibles pérdidas de vidas humanas”, ergo, si la oposición financiada o conducida por algunas ONGs logra que el escenario de conflictividad escale hasta ocasionar muertes, el Ejecutivo terminaría por desistir de llevar a cabo un proyecto que a todas luces resulta beneficioso por la generación de empleo, reducción de la pobreza y el fortalecimiento de la capacidad productiva del Perú.
Más allá del análisis de correlación de fuerzas, coincidimos que “la apuesta del movimiento (opositor) será sostener niveles de violencia altos y una mayor relevancia mediática.”, pero se debe precisar que “el movimiento” no es social, sino que es una acción de grupos con coincidencias ideológicas en su accionar. No se trata de “terruquear”, pero qué diferencia este accionar del que llevaron a cabo los grupos subversivos en los 80 y 90 del siglo pasado.





































