Si un “ambientalista” guarda silencio frente a la contaminación de las aguas por la extracción ilegal de minerales y -al mismo tiempo- se opone a la minería formal, lo que está manifestando no es su preocupación por el ambiente, sino una opción política que tiene en el centro de su pensamiento al egoísmo

Guillermo Vidalón
Comunicador Social especialista en la Industria Extractiva
La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) señala en su último informe disponible sobre consumo de agua, que data del 2021, que Colombia y Perú ocupan los primeros lugares como los mayores consumidores del líquido elemento. Según ese informe, el consumo de agua del Perú sería casi 2.3 veces el consumo promedio de los países miembros de la OECD.
También, el informe indica que se incluyen las extracciones para el abastecimiento público de agua, el riego, los procesos industriales, la refrigeración de centrales eléctricas, el agua de minas y drenaje. Lo que no precisa el documento en mención es que sectores son más eficientes en el empleo del recurso hídrico o qué sectores hacen un uso que se encontraría en dentro del promedio de los países miembros de la OCDE.
En Perú el abastecimiento público de agua está a cargo del estado (aunque la ley faculta la participación del sector privado), existen 50 empresas prestadoras de servicios de saneamiento (EPS). En Lima, Sedapal es la encargada de prestar este servicio con los niveles de eficiencia por todos conocido, pero según SUNASS es la más eficiente a nivel nacional con más de 21 horas de servicio al día, en tanto que EMAPA Pasco sólo provee 1.7 horas diarias del servicio de agua.
Si bien es cierto que el 90.3 por ciento de los peruanos cuenta con acceso al agua y más del 84 por ciento con acceso a alcantarillado, eso no quiere decir que haya continuidad en el servicio ni que esta se brinde con la misma presión de agua durante las horas en que el ciudadano dispone del servicio. Tampoco se toma en cuenta las roturas 0.47 por kilómetro de red.
La información proporcionada por la ODCE no necesariamente quiere decir que los peruanos son despilfarradores en el sentido de hacer un uso intencionalmente desproporcionado del agua disponible. Todo lo contrario, disponemos de poca capacidad de potabilización de agua y la calidad de la misma, proporcionada por las EPS, ha sido puesta en cuestión en más de una oportunidad, sea por el estado en que se encuentran las redes de distribución, inadecuada facturación, etc.
¿En qué se está fallando? En la falta de toma de decisión respecto de qué hacer para que un mayor número de ciudadanos disponga de agua de calidad las 24 horas del día con un nivel de presión adecuado. También, en evitar que el agua se desperdicie por deficiencias en la red pública nacional; o, en la disposición de las aguas servidas sobre corrientes de agua fresca sin haber sido tratadas previamente, esto genera contaminación del recurso hídrico y un costo mayor al momento de su procesamiento para ser empleada aguas abajo.
Del mismo modo, se falla cuando se sigue empleando el riego por gravedad para inundar campos de cultivo, cuando lo más eficiente es emplear riego por goteo o por aspersión, tal como lo hace la agricultura moderna.
Igualmente, cuando se tolera la actuación de la minería ilegal que emplea de manera indiscriminada un metal pesado -como el mercurio- para aprovechar el oro de los ríos de la Amazonia. Totalmente diferente al accionar de la minería legal que cumple con normas ambientales estrictas, que recircula una y otra vez el agua que emplea para obtener el mayor valor posible en beneficio de la sociedad.
Las circunstancias en el mundo han cambiado radicalmente, un ambientalista hoy debería convertirse en el primer promotor de la minería destinada a la recuperación y procesamiento del mineral de cobre, porque este metal está asociado al cambio de matriz energética y resulta fundamental para preservar el ambiente.
Si un “ambientalista” guarda silencio frente a la contaminación de las aguas por la extracción ilegal de minerales y -al mismo tiempo- se opone a la minería formal, lo que está manifestando no es su preocupación por el ambiente, sino una opción política que tiene en el centro de su pensamiento al egoísmo.





































