Nuestro país tiene todas las condiciones para ser una nación justa, moderna y solidaria. Pero ello exige decisiones valientes, liderazgos éticos y una ciudadanía activa. El Perú no puede esperar más. Esta patria, que nos duele y nos enorgullece, merece que la sirvamos con humildad, firmeza y visión de futuro

Por: Antero Flores-Araoz
Cada 28 de julio, los peruanos renovamos el compromiso con nuestra nación, recordando el acto fundacional de nuestra independencia. Pero más allá de la conmemoración simbólica, estas fechas deben impulsarnos a reflexionar, con realismo pero también con esperanza, sobre el estado de nuestro país.
Hemos sido testigos de los ciclos de avance y retroceso que caracterizan a nuestra república. Este último año no ha sido la excepción, pues ha estado marcado por hechos que merecen análisis y acción.
En el terreno político, hemos vivido una etapa de alta conflictividad institucional. Las tensiones entre el Poder Ejecutivo y el Congreso se han profundizado, generando un clima de desconfianza ciudadana y debilitamiento de la gobernabilidad. La figura presidencial ha continuado enfrentando investigaciones fiscales y cuestionamientos éticos, mientras que el Parlamento ha caído en dinámicas de obstrucción, revanchismo y decisiones desconectadas de las urgencias sociales.
La falta de reformas políticas reales sigue siendo una deuda pendiente. Urge fortalecer los partidos, transparentar el financiamiento de campañas, profesionalizar el Congreso y restablecer el equilibrio de poderes. Sin institucionalidad sólida, ningún crecimiento será sostenible.
En materia económica, si bien se ha mantenido cierta estabilidad macroeconómica, los signos de desaceleración son evidentes. El crecimiento del PBI se ha visto afectado por factores externos, como la inestabilidad global y la caída del precio del cobre, pero también por la inestabilidad interna, la baja ejecución del gasto público y la incertidumbre regulatoria que desincentiva la inversión privada.
A pesar de ello, sectores como agroexportación, minería formal, y servicios digitales han mostrado dinamismo. Pero aún queda una gran tarea pendiente: reactivar la economía popular, impulsar el empleo formal y garantizar que el crecimiento llegue a las regiones. La informalidad, que afecta a más del 70% de los trabajadores, no puede seguir siendo la normalidad.
En la actualidad nacional, hemos sido testigos de movilizaciones sociales que exigen justicia, reformas y representación real. La conflictividad social, especialmente en zonas rurales, sigue mostrando el abismo entre Lima y el interior del país. La falta de inversión en salud, educación y conectividad perpetúa las brechas históricas.
Sin embargo, también hemos visto ejemplos inspiradores: jóvenes emprendedores que innovan desde regiones, mujeres liderando comunidades con coraje, y una sociedad civil que no deja de fiscalizar y proponer. Hay una reserva moral y cívica en el Perú que merece ser escuchada.
En conclusión, las fiestas patrias no deben ser solo un motivo de desfile o discurso protocolar. Deben ser un llamado a la unidad, pero no a una unidad ficticia: sino a una que se construye desde la verdad, el diálogo y el respeto por las diferencias.
Nuestro país tiene todas las condiciones para ser una nación justa, moderna y solidaria. Pero ello exige decisiones valientes, liderazgos éticos y una ciudadanía activa. El Perú no puede esperar más. Esta patria, que nos duele y nos enorgullece, merece que la sirvamos con humildad, firmeza y visión de futuro.
¡Feliz 28 de julio y que viva el Perú!
Antero Flores-Araoz
Parlamentario de 1990 al 2006, incluyendo congresista constituyente
Presidente del Congreso 2004-2005
Embajador ante la OEA 2007
Ministro de Defensa 2008-2009
Premier 2020
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