Los conflictos sociales, reales o artificiales, que ocurren en las Regiones, muchas de sus autoridades pretenden que se solucionen desde el Gobierno Central, como si no fueren ellos parte del Estado. ¡Con ellos no es el problema!

Por: Antero Flores-Araoz
La regionalización es una herramienta de la descentralización, que fue concebida como un largo camino de transferencia de recursos fiscales y de competencias del Gobierno Central a los Gobiernos Sub-Nacionales, y por qué no decirlo, también a los Gobiernos Locales, con lo cual quedaron claramente establecidos los tres niveles gubernamentales como son: el nacional, el regional y el local. Fue una respuesta al centralismo de la Capital de la República que asfixiaba a las demás circunscripciones territoriales del país.
Si pues, en la práctica todos los recursos se administraban desde Lima, pese a que su recaudación era y es desde todos los lugares del Perú, con mayor o menor caudal financiero. Las contrataciones de bienes y servicios también estaban centralizadas en Lima, y era también en Lima donde se debía dar cuenta de los magros recursos gerenciados localmente.
Pese a lo señalado las poblaciones provincianas, salvo Lima y Callao, no están satisfechas con la Regionalización y reclaman cambios.
Si bien es cierto se transfirieron competencias e ingentes recursos presupuestales, también es cierto que lo que no se trasladó fue el personal para su administración, con lo cual el personal pre existente quedó en el Gobierno Central, y los Gobiernos Regionales contrataron nuevo capital humano para lo mismo. Consecuencia de ello es que el crecido personal de la capital, en lugar de facilitar las cosas, las complicó. Lo explicamos: al dejar de hacer sus tareas habituales fue recolocado en otras áreas, con lo cual se perturbaron los demás trámites administrativos con más pases, proveídos e informes innecesarios para llenar la horas de supuesta labor de quienes se quedaron sin funciones. El gran perdedor fue el administrado.
Las obras que se hacen en las Regiones, no necesariamente pasarían los estándares internacionales de construcción de infraestructura, y lo que es peor: pocas veces se privilegian las obras indispensables para la conectividad, dotación de servicios públicos básicos, así como mejora de la educación y salud.
Se ha dotado a las Regiones del canon de explotación de recursos naturales y las regalías respectivas. Pese a que ellas dependen de precios internacionales, cuando su percepción se reduce, desde las Regiones pretenden que el Gobierno Central cubra la diferencia, como si el Presupuesto de la República fuere elástico.
Los conflictos sociales, reales o artificiales, que ocurren en las Regiones, muchas de sus autoridades pretenden que se solucionen desde el Gobierno Central, como si no fueren ellos parte del Estado. ¡Con ellos no es el problema!
Algunos creen que hay que hacer borrón y cuenta nueva y recomenzar el proceso regionalizador. Tal proceso, como toda obra humana es perfectible, pero hay que afrontar el reto de una vez, explicándoles a los habitantes de las Regiones el criterio del descentralismo, lo que se puede y lo que no se puede hacer, inclusive premiando presupuestalmente a las Regiones responsables y asumiendo desde el Gobierno Central la ejecución de las obras, para las cuales algunas Regiones muestran incompetencia. Esto en adición a la severidad de la sanción que hay que imponer a las autoridades corruptas.
Tenemos que hacer el rescate regionalizador.
Antero Flores-Araoz
Parlamentario de 1990 al 2006, incluyendo congresista constituyente
Presidente del Congreso 2004-2005
Embajador ante la OEA 2007
Ministro de Defensa 2008-2009
Premier 2020
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