Humildad de caballero. Zizou iba a concentrar con la camiseta de Francescoli, incluso dormía con ella, donde soñaba ser un futbolista completo. Ahora es el exquisito fútbol, la pelota que sueña con el uruguayo

Por: Néstor Díaz
Cuando los “expertos” repasan a los futbolistas top de todos los tiempos, en ocasiones relegan a un lado al que inspiró con su juego al propio Zinedine Zidane. Enzo Francescoli, el de estilo elegante, fino, recatado dentro y fuera del césped. La pelota sueña con él para ser acariciada por sus botines, por su pecho que, al bajarla para disparar al pórtico, ella se sentirá libre y relajada. Luego que pase a otros pies, no será lo mismo; la golpearán como tirar una piedra en una chacra. En el Marsella francés (1989), “el príncipe” despliega su magia y Zidane, aún de trece años, lo ve y se dice a sí mismo: ¡Yo quiero ser ese! “En Francia no había muchos extranjeros, y cuando vino Enzo, un sudamericano, ya vimos que era otro fútbol. Hacía cosas con el balón… Este es un mago, pensaba. Yo quería hacer lo mismo”, esboza Zizou sin esconder el brillo de sus ojos por admiración al uruguayo.
Enzo Francescoli Uriarte se inicia en la calle con un balón prestado, de cuero macizo, y sobre los charcos de agua la mueve casi sin toparla. Para él es la cancha perfecta de un aspirante a la élite de este deporte. Posteriormente, se pueden incorporar cualidades como aprender a ubicarte, a perfilarte para golpear la redonda. Pero el pase, la gambeta, o el control, no son cosas que se incuban en un club. Como todos los grandes, que la practican primero en la acera. En la misma línea de su percepción por el fútbol, para Francescoli el gol no es lo más importante. Está convencido de que lo que ha hecho grandes a Pelé, Maradona, Cruyff, Zidane, entre otros, se centra en la visión de gozar en la creación, en la construcción del juego. “Hay un momento, un segundo, donde se genera la posibilidad del gol. Es ese desborde, ese pase, ese regate, ese amague que posibilita el gol. Lo más importante del futbol no es el gol, sino esa acción previa al gol”. Sentencia con autoridad.
¿Y tú te preguntarás qué títulos ganó Enzo Francescoli? Con la garra charrúa en sus venas, el delantero consiguió en total 7 títulos con River Plate y 3 Copas América con su selección (1983, 1987 y 1995), además de un sinnúmero de reconocimientos individuales. Jugó dos mundiales con la celeste (1986 y 1990), en los cuales arribó a los octavos de final. En River Plate es uno de los mayores ídolos y el máximo goleador extranjero.
Al cual condujo a su segunda conquista de la Copa Libertadores de América (1996) y de la Supercopa Sudamericana (1997). Esto último corona su carrera en River, al atrapar cinco títulos argentinos más en los seis años que jugó para dicho club. Fue su regreso entre aplausos y baño de ilusión por parte de la hinchada “millonaria”, que aún clama sus finos toques a una pelota que lo desea.
Cada sol vespertino iluminaba los periódicos en las esquinas y la prensa deportiva lo bautiza como “el caballero de fina estampa”. Jamás habló mal de nadie y no dio cabida para que se inmiscuyan en su vida privada. En la actualidad, desde las gradas como Director Deportivo de River Plate, cada esférico que bordea a la tribuna siente las ganas de ir al encuentro del “príncipe”, para ser bajado con el pecho, abrazado, arrullado, besado. Con respecto a Zidane, en una oportunidad declaró: “Yo era su ídolo y, según él, aprendió muchas cosas de mí. Como le dije, y es la realidad, si las aprendió, me enorgullece, pero las mejoró muchísimo también”. Humildad de caballero. Zizou iba a concentrar con la camiseta de Francescoli, incluso dormía con ella, donde soñaba ser un futbolista completo. Ahora es el exquisito fútbol, la pelota que sueña con el uruguayo. ¡Centro al área y tú tienes el balón!







































