La discriminación por el color de piel es pan de cada día en los recintos deportivos del mundo; sin embargo, no se toman las medidas necesarias para mermar y soterrar tal actitud grosera, por decir lo menos

Por: Nestor Díaz
¿Te imaginas a un hombre superando en velocidad a un autobús? Con los pasajeros dentro del bus, perplejos ante un rayo que se les atraviesa por sus narices y al mismo tiempo aplauden ante tal sorprendente acción. Ese es Usain Bolt, el humano más rápido en la historia del deporte. El que traspasó las barreras de la vida y aprovechó los dones que Dios le obsequió. Sus carreras en las pistas de poliuretano y caucho son una fotografía de segundos con el lente bien puesto, por si se escapa la imagen. Aquella imagen a colores queda grabada para la eternidad, para las nuevas generaciones, la cual propala que una persona puede lograrlo todo si aprovecha sus capacidades. Sin importar el color de su piel. Bolt se sube al podio con once títulos mundiales y ocho olímpicos como velocista (2008-2016); además, cuenta con los récords mundiales de los 100 y 200 m lisos y la carrera de relevos 4×100 con el equipo de la tierra que lo vio nacer (Jamaica).
Es una voz autorizada cuando se quiere erradicar el racismo de los estadios; su palabra le lleva miles de kilómetros de distancia a los carteles que se exponen antes de iniciar un partido de fútbol. “Para mí es triste que el racismo siga aquí. Creo que siempre le he dicho al mundo que necesitamos unirnos. Los deportistas solo queremos hacer feliz a la gente, siempre salimos a dar lo mejor de nosotros y nuestra intención es llevarle alegría a los fans, hacer que se diviertan, que haya una buena competición, porque eso es lo que quieren ver (). Así que es terrible saber que esto sigue sucediendo, y espero que pueda cambiar en los próximos años”. Declaró en una entrevista en el 2023, ante la ola de agresiones raciales a Vinícius Jr. en el Real Madrid, Lewis Hamilton en la Fórmula 1.
La discriminación por el color de piel es pan de cada día en los recintos deportivos del mundo; sin embargo, no se toman las medidas necesarias para mermar y soterrar tal actitud grosera, por decir lo menos. En los países desarrollados, los directivos del negocio, principalmente en el fútbol, captan con las múltiples cámaras que existen a los llamados “hinchas” y validan sus datos con las entidades correspondientes; para luego meterlos en el sistema y aplicar sanciones. Activan el protocolo al instante. Esto no es eficiente en naciones menos desarrolladas para desplazar con eficacia la segregación de las personas, ya que existe la corrupción regada como arena en las gradas. Parte también de la idiosincrasia. Por tanto, la solución general a mediano y largo plazo es la educación desde casa y las escuelas, aprender a valorar a nuestros semejantes tan igual como a nosotros, sin observar sus orígenes, su linaje.
Ante los hechos ocurridos, cuando los futbolistas de la selección inglesa fallaron en el tiro de los doce pasos, en la final de la Eurocopa 2020, frente a Italia; (agredidos en redes sociales por los fanáticos). El velocista jamaicano manifestó: “Puedes estar molesto con una persona por fallar porque somos humanos, pero si vas a incorporar la raza, entonces no tiene lugar en el fútbol o simplemente en general». Él utiliza su voz pública para disminuir este flagelo de la sociedad, que hoy convive con la información en sus dedos.
A pesar de su carisma, Bolt también ha sido víctima de estas agresiones en menor grado que otros, por lo cual no escatima en pronunciarse con energía y zancadas largas como en sus carreras, ante la ola de “caricias” a este bicho que existe en el orbe. Se mantiene atento a “cómo se mueve el mar”, para dar con la meta y clavar un mensaje con jerarquía.
¿Acaso quieren que Bolt se pronuncie siempre para erradicar por completo tal discriminación? Que incluso se da entre los propios deportistas “profesionales”. Si la FIFA optara por “enviar al archivo este añejo libro”, la solución a corto plazo sería: no entra más tal hincha a un estadio o tal atleta no juega ningún partido más, es decir, colgaría los chimpunes de por vida.
La “galopada” con el autobús se dio en Buenos Aires, en la avenida 9 de Julio, en el lustre del 2013. Bolt cruzó la línea y el bus ni arrancaba. Se dice que la única vez que Usain «fue lento» en su vida aconteció cuando nació 10 días después de la fecha prevista del parto. ¡Centro al área y tú tienes el balón!








































