Es una pregunta de sobremesa, pero también una trampa. Porque la respuesta dice más de quién la contesta que del presidente que elige

Por: Melitza Yanzich
Analista Política y Social
https://www.linkedin.com/in/melitzayanzich/
Haga la prueba. Lance la pregunta en una reunión y observe lo que ocurre. Unos dirán que Ramón Castilla; otros, que Velasco; otros, casi en voz baja, que Fujimori. Y enseguida, antes de terminar la frase, alguien negará con la cabeza. La pregunta por el mejor presidente del Perú no abre un debate: abre una grieta. Y esa grieta, más que un ranking, es un espejo.
Porque en el Perú «el mejor presidente» nunca ha sido una categoría neutral. Es una declaración de pertenencia.
«Nuestros ‘mejores presidentes’ suelen ser, justamente, los que más nos dividen.»
El mejor, ¿para quién?
Toda respuesta esconde dos preguntas que casi nunca hacemos explícitas: el mejor
¿según qué?, y el mejor ¿para quién?
Según qué: ¿crecimiento económico? ¿Orden? ¿Obras? ¿Derechos? ¿Inclusión? Cada vara mide a un presidente distinto. Y para quién: porque lo que para Lima fue estabilidad, para el sur andino pudo ser abandono; lo que para el empresario fue apertura, para el campesino fue despojo.
El caso más claro es también el más incómodo. Para millones de peruanos, Alberto Fujimori fue el hombre que salvó al país de dos infiernos simultáneos: la hiperinflación y el terrorismo de Sendero Luminoso. Para otros millones, fue el autor de un autogolpe en 1992, condenado a 25 años de prisión como responsable de los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, y del drama de las esterilizaciones forzadas. El mismo hombre, dos países. Murió en 2024 sin que el Perú lograra ponerse de acuerdo sobre quién fue.
Velasco es el espejo invertido: para unos, el general que por fin enfrentó a la oligarquía, repartió la tierra y le devolvió dignidad al mundo andino; para otros, un dictador cuyo estatismo hundió la economía. Otra vez: el mismo hombre, dos memorias irreconciliables.
Nuestros candidatos a «mejor presidente» son, casi siempre, los que parten al país en dos. Eso ya debería decirnos algo.
Los que parecían los mejores
¿Y los nombres en los que parece haber más consenso? Tampoco resisten la pregunta «¿para quién?».
Ramón Castilla suele encabezar las listas: abolió la esclavitud y eliminó el tributo indígena, modernizó el Estado en plena era del guano. Logros enormes, reales. Pero aquella prosperidad se construyó sobre la explotación de un recurso que se dilapidó, y la abolición de la esclavitud convivió con la importación de trabajadores chinos en condiciones de “semiesclavitud”. Hasta el más celebrado de nuestros presidentes gobernó un país que era próspero para una parte y brutal para otra.
Los constructores demócratas, como Belaúnde, fueron derrocados o terminaron sepultados por la crisis. Los grandes modernizadores Leguía, Odría hicieron obra, sí, pero desde dictaduras que reprimieron a quien estorbaba. En el Perú, la grandeza presidencial casi siempre ha sido parcial, interrumpida, o pagada con el sacrificio de alguien.
El dato que lo cambia todo
Y aquí está el hecho que debería desarmar la pregunta entera. Durante la mayor parte de nuestra historia republicana, una enorme porción de peruanos ni siquiera pudo elegir a su presidente. El requisito de saber leer y escribir excluyó del voto a millones de personas en su mayoría indígenas, rurales, quechua y aimara hablantes hasta que la Constitución de 1979 reconoció el voto de los analfabetos, recién aplicado en las elecciones de 1980.
Léase despacio: durante siglo y medio, el Perú eligió a sus gobernantes con la mitad del país afuera. ¿Cómo coronar al «mejor presidente para todos los peruanos» en una república que, durante generaciones, no dejó que todos los peruanos siquiera votaran? El «para todos» no falló al final: faltó desde el principio.
Datos clave
- Bajo Ramón Castilla se abolieron la esclavitud y el tributo indígena (1854).
- Recién con la Constitución de 1979 y las elecciones de 1980 los peruanos analfabetos, mayoritariamente indígenas y rurales, pudieron
- Alberto Fujimori fue condenado a 25 años por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta; murió en
- Alan García se quitó la vida en 2019, cuando iba a ser detenido en el marco del caso
- En 2025, el Perú llegó a tener cuatro expresidentes presos al mismo tiempo: Toledo, Humala, Castillo y
El veredicto incómodo
Cuando por fin todos los peruanos pudieron votar, la historia reciente no nos entregó al esperado «mejor presidente». Nos entregó una galería que termina, una y otra vez, en la misma cárcel. Toledo, condenado por los sobornos de Odebrecht. Humala, sentenciado por lavado de activos. Vizcarra, condenado. Castillo, preso desde su frustrado autogolpe de diciembre de 2022. García, muerto por su propia mano antes de ser detenido. Una democracia que tardó siglo y medio en incluir a todos, y que luego vio a buena parte de sus líderes terminar en Barbadillo.
En ese escenario, la pregunta por «el mejor» suena casi a ironía. Hace tiempo que no discutimos quién fue el mejor: discutimos quién fue el menos dañino.
Acaso la pregunta esté mal hecha
Y quizá ese sea el verdadero hallazgo. Preguntar por el mejor presidente supone que lo que al Perú le ha faltado es un gran hombre, un nombre, un salvador. Pero nuestra desgracia nunca fue la ausencia de un caudillo providencial: fue la ausencia de un proyecto que incluyera a todos. Seguimos esperando al mesías que arregle el país de un golpe, cuando lo que nunca construimos fue el país mismo. Esa espera la del salvador es parte de la enfermedad, no de la cura.
Tal vez por eso ningún nombre nos une. Porque no hemos tenido, todavía, un presidente cuyo «mejor» no exija una nota al pie, una víctima, una región olvidada, una mitad excluida.
Y entonces la pregunta correcta quizá no sea quién fue el mejor presidente del Perú, sino otra, más incómoda y honesta: ¿puede un país que fue construido para algunos producir alguna vez un presidente para todos? ¿O el mejor presidente del Perú seguirá siendo, simplemente, el que todavía no ha llegado?
Fuentes: Historia republicana del Perú (abolición de la esclavitud y del tributo indígena; sufragio de analfabetos, Constitución de 1S7S); Poder Judicial del Perú y Ministerio Público (sentencias a Fujimori, Toledo, Humala y Vizcarra); cobertura del caso Lava Jato / Odebrecht.









































