El convencimiento de los candidatos hacia los electores debe enmarcarse en la difusión de sus planes de gobierno, en la demostración de que las propuestas que ellos contiene no solo son serias sino igualmente factibles de ejecutar, muy alejadas de los “sueños de opio” que quieren trasladar a electores poco advertidos y con deficiencias cognitivas

Por: Antero Flores-Araoz
En muchas oportunidades hemos tratado sobre las campañas electorales generales, esto es las presidenciales y parlamentarias, aunque normalmente desde el punto de vista del elector, señalando cuales deben ser sus deberes ciudadanos para votar con corrección, tanto formal como conceptual.
Bueno pues, en esta oportunidad nos referiremos a los candidatos con más amplitud, ya que con anterioridad hemos dicho que para captar o conseguir el voto, se requiere seducir al votante con buenas actitudes y aptitudes, así como con sus propuestas, pero rechazando el espectáculo innecesario de los bailecitos y las canciones, pues no se trata de postular a algún premio “Grammy”, ni tampoco imitar a Shakira, Madonna, Eva Ayllón, John Travolta, Timi o al nunca bien recordado Richard Swing.
Los candidatos a la plancha presidencial lo son para dirigir los destinos del país desde el Poder Ejecutivo, tanto tratándose de candidatos a la Presidencia como a las dos Vicepresidencias, que en buena cuenta son los accesitarios del presidente en caso de vacancia por muerte, incapacidad permanente o demás causales que señala la Constitución. A su vez los parlamentarios son para para dictar las reglas (léase leyes) que deben cumplir los ciudadanos, así como para representar al íntegro de ellos y fiscalizar a las demás autoridades y organismos públicos de diversos niveles funcionales. También pueden convertirse en constituyentes cuando modifican nuestra Ley de Leyes (artículo 206 de la Constitución).
Visto lo anterior, el convencimiento de los candidatos hacia los electores debe enmarcarse en la difusión de sus planes de gobierno, en la demostración de que las propuestas que ellos contiene no solo son serias sino igualmente factibles de ejecutar, muy alejadas de los “sueños de opio” que quieren trasladar a electores poco advertidos y con deficiencias cognitivas.
El acto de sufragio ha sido por mucho tiempo emotivo, cuando lo que hay que hacer es convertirlo en reflexivo, para lo cual los candidatos deben apartarse del espectáculo para entrar en la esfera de la propuesta seria y posible.
El exparlamentario Juan Carlos Eguren, difundió un grupo de materias en que los candidatos deberían incidir, que al ser adecuadas nos convertimos en transmisores. Entre ellas el respeto a la Constitución, en especial el capítulo económico que garantiza la inversión, a lo que agregamos que ella genera trabajo y este bienestar. Asimismo, la desburocratización del Estado en base a criterios técnicos y meritocráticos. Reducir el tamaño del Estado, incluyendo las empresas públicas. Desregulación con la derogación y dejar sin efecto las normas que atentan contra la eficacia y eficiencia del Estado y a la vez perjudican a la actividad privada, a la que hay que promover. Destrabar los proyectos de inversión pública, como también privada. Resolver las controversias sobre las obras detenidas, especialmente con la conciliación. Señalar nuevos mecanismos para la excelencia en la contratación de obras públicas. Concertar acuerdos políticos en pro de la gobernanza y por supuesto la reforma del Sistema de Justicia, para que ella se imparta con imparcialidad y a tiempo.
Hemos señalado una gama de asuntos a ser expuestos con seriedad en campaña, a los que por supuesto se pueden agregar muchos otros más, siempre que se hagan demostrando experiencia y liderazgo conductual. ¡No más aventureros en la política!





































