En un expediente judicial eclesiástico de 1649 se declaró admitido un hecho extraordinario ocurrido ese año en dos ocasiones, el 2 de junio y el 22 de julio

Por: Ítalo Sifuentes Alemán
Periodista y autor de ADN PERÚ
Fue durante las concurridas misas del Santísimo Sacramento, en la iglesia Santa Magdalena de Eten, en Chiclayo. Según este documento de mediados del siglo XVII, los testigos directos son cuatro sacerdotes franciscanos, quienes bajo juramento testificaron haber visto el cuerpo del niño Jesús en una hostia consagrada para la solemnidad del Corpus Christi. Terminado de elaborar el 21 de setiembre de 1649, el expediente de los religiosos contiene las firmas de los notarios públicos Íñigo de Sarabia y Juan Carrillo, y del juez eclesiástico de Chiclayo, licenciado Fernando de la Carrera, quien actuó por indicación de su superior, fray Luis Lloscos, en el Perú vicario y comisario general de la provincia franciscana de los Doce Apóstoles, con sede en Lima, ciudad a la que ya había llegado la noticia de dicho hecho sobrenatural. Con esa información en tres páginas elaboraron el documento titulado “Relación de un niño hermosísimo, que visto en la hostia consagrada la víspera de la fiesta del Corpus”.
Cabe mencionar que en el año 2019 el ahora Papa León XIV envió al Papa Francisco un expediente para que el Vaticano reconozca dicho milagro eucarístico en el Perú, ello porque dijo “este milagro está aprobado en cuanto una tradición continua en la ciudad de Eten”. Monseñor Robert Prevost hace siete años era el obispo de Chiclayo. Del 11 al 16 de noviembre de 2026 estará de visita en diversos lugares del territorio peruano, entre ellos Chiclayo.
A continuación, se comparte la trascripción de dicho documento con sus dos autos de 1649, impreso en Lima por Jorge López de Herrera (calle de la Cárcel de Corte), el cual custodia la Biblioteca Nacional de España.
“Siete leguas de la ciudad de Zaña del obispado de Trujillo está el pueblo de la Magdalena de Eten, doctrina de la orden de San Francisco, de la guardianía de Santa María de Chiclayo, es cura y vicario de dicho pueblo de Eten el padre predicador fray Jerónimo de Silva Manrique, religioso tan noble como celoso ministro, el cual a los dos días del mes de junio de 1649, miércoles, víspera de las de la fiesta que nuestra madre la iglesia celebra al agustísimo y altísimo misterio del Santísimo Sacramento del altar, habiendo cantado las vísperas con toda la solemnidad que su devoción había dispuesto, al fin de ellas, dicha la oración, a la que asistía todo el pueblo, quiso descender el Santísimo del Trono en que estaba descubierto, para ponerlo dentro del Sagrario; al punto apareció visiblemente en la misma hostia consagrada una figura de niño muy hermoso, de medio cuerpo para arriba que distintamente fue visto por el Vicario y de todo el pueblo. Vestía el niño una túnica morada, estando todo lo demás de la hostia muy blanca, de manera que hacía distinción de un color a otro. Los cabellos de la cabeza eran rubios y llegaban cerca de los hombros, retorcidos las puntas de ellos graciosamente. Tenialos partidos por la frente, la mitad a un lado y a mitad a otro. La cara y carnes eran de cuerpo humano, que se distinguía de la hostia. Todo lo cual fue visto clara y distintivamente de todo el pueblo, hombres y mujeres, que movidos de tan grande maravilla daban gritos, y voces vertiendo devotas lágrimas de sus ojos de gozo espiritual que sentían en sus almas pidiendo misericordia al Señor que se hubiese dignado por un modo tan admirable y raro de manifestarse para que le viesen y gozasen con sus ojos corporales.
Los músicos tocaban uno las chirimías y otros las trompetas, y los niños las campanas y en todos aquellos alrededores, y pueblos, donde luego llegó la fama de tan gran maravilla, se llenaron de gozo, y alegría espiritual, y en todos ellos se ha dado grandes fiestas en honra de este divino Sacramento y los de Eten con todas demostraciones de su fervor (que es grande) no salieron de la iglesia los ocho días de la octava en que estuvo descubierto, así indios como indias, con notable ternura ayudando liberales con sus limosnas para cera, fuegos y olores que se gastaron con grandes contentamientos suyo, bastante prueba de los maravillosos efectos, que ha causado en sus almas la visitación del Señor:
Auto 1:
“En el pueblo de Magdalena de Eten, en 25 de junio de 1649, el señor licenciado don Fernando de la Carrera, cura beneficiado del pueblo de Reque, vicario y juez eclesiástico en esta provincia por su señoría, dean, y sede vacante de la ciudad de Trujillo, habiendo visto estos autos acerca de la aparición, que el Señor se sirvió hacer, mostrándose patente, en la hostia consagrada del Santísimo Sacramento, el miércoles víspera del Corpus, que se contaron dos desde este presente mes, y año, dijo, que en cuanto puede, y a lugar de derecho, guiado de la sustancia de estos autos, declaraba, y declaro que la dicha aparición del Señor fue real y verdadera, como certifican los testigos en sus deposiciones, por ser como son personas de todo crédito, y que se saquen todos cuantos tres lados se pidieren de estos autos para honra y gloria de Dios en los cuales y en cada uno de ellos dijo su merced del dicho señor vicario interponía e interpuso su autoridad y decreto judicial para que valgan y hagan fe en juicio y fuera de él y así lo proveyó mandó y firmó don Fernando de la Carrera. Ante mí, Íñigo de Sarabia, notario público. Escribe el padre guardián del convento de San Francisco de Zaña, fray Diego de Albarracín, que actuada esta información (y otra segunda que se dirá luego) pasó a la Magdalena de Eten, donde advirtió no sin mucha ternura, que toda la gente del pueblo junta a la Misa Mayor, al tiempo de alzar la hostia consagrada, y el cáliz a voz entonada con gran concierto, y armonía sonora, pequeños, y grandes cantaron el acto de fe siguiente:
Viva la fe que confiesa
El altísimo misterio
En que Cristo nos dejó
Su divina sangre, y cuerpo
Y que en la Virgen María
Tomó nuestra carne el verbo,
Que con el divino Espíritu
y Dios Padre. es Dios eterno.
El cual vio en estampa, en la puerta de la iglesia, y luego se informó que siempre lo canten en los tiempos que rezan la Doctrina y cuando en la misa el sacerdote alza al Santísimo; y que esta santa costumbre comenzó en dicho pueblo, desde que en la ciudad de Lima el ilustrísimo señor arzobispo de ella, don Pedro Villagómez, religiosísimo príncipe (en quien vive coronado el celo de la fe y honra de Dios) celebró a 25 de marzo de este presente tres corazones, que principiaban en uno; pusieron con toda reverencia, y temor la Custodia dentro del Sagrario. Y añade el presidente que al cerrar el Sagrario no tenía la sagrada hostia ni al niño ni los corazones sino la señal impresa del hierro y molde de las hostias, que es sola una Cruz”
La noticia llegó a la Ciudad de Los Reyes y fray Luis Lloscos, vicario y comisario general de todo el Perú, mandó a fray Diego de Albarracín, padre predicador y guardián del convento de Zaña, que exhorte al licenciado Fernando de la Carrera, juez eclesiástico del partido de Chiclayo y Eten, elabore un informe oficial con las declaraciones, bajo juramento, de los cuatro religioso testigos del hecho. Previo nombramiento para la causa del notario Juan Carrillo, dicho informe fue solicitado el 20 de setiembre de 1649. El informe final, o relación como también se le conoce, se elaboró en un auto con fecha 21 de setiembre de ese año, para el cual se utilizaron los testimonios de los cuatro religiosos, con “cuyos originales que quedan en poder de dicho muy reverendo padre comisario general se hizo esta relación, la cual cerrará como con llave de oro el último auto de la causa para su legalidad.
Auto 2:
“En el pueblo de Chiclayo, en veintiuno del mes de setiembre de 1649, el señor licenciado don Fernando de la Carrera, cura beneficiado del pueblo de Reque, vicario y juez eclesiástico en él, y provincia de este dicho pueblo de Chiclayo, y su distrito por su señoría Dean, y Cabildo sede vacante de la ciudad de Trujillo del Perú, habiendo visto estos autos acerca de la aparición que el Señor hizo en la hostia consagrada en el pueblo de Eten de esta jurisdicción el día de la gloriosa Magdalena, 22 de julio de este presente año, y que los cuatro testigos, que han declarado son sacerdotes religiosos del orden del Señor San Francisco, muy hijos de tal Padre en su virtud, modestia, compostura, y que como se debe creer han dicho verdad en sus deposiciones, y declaraciones, dijo que en cuanto puede y ha lugar en derecho, declaraba y declaro que la dicha aparición, que el Señor se dignó de hacer, mostrándose en forma humana, visible a los ojos de los dichos cuatro religiosos, fue real y verdadera, y como tal se debe creer dándole entera fe, y que de estos autos se saque uno o dos o más tres lados, para gloria y honra de Dios, en los cuales en cada uno de ellos su Merced dicho señor vicario interpondrá su autoridad y decreto judicial para que valgan y hagan fe en juicio, y fuera de él, y que se entreguen los tres lados, que pidiesen, así el padre guardián en Zaña para el efecto, que los tiene pedidos, como los demás religiosos de la orden del Señor San Francisco. Y así lo proveyó, mandó y firmó. Don Fernando en la Carrera, ante mí, Iván Carrillo, notario público”.
EL DATO
El periodista Diego López Marina, de la Agencia Católica de Informaciones, escribió el 27 de julio de 2022: “Actualmente, el Obispo de Chiclayo, Mons. Robert Prevost, busca el reconocimiento del Vaticano para el milagro eucarístico, y por ello entregó al Papa Francisco en Roma, en el 2019, un documento con la historia de la devoción, que reúne 20.000 testimonios de fe. En el 2019, Mons. Prevost dijo que «este milagro está aprobado en cuanto una tradición continua en la ciudad de Eten”.





































