La experiencia colombiana pone el foco en un desafío para las empresas: producir lo mismo o más con una menor disponibilidad de horas, sin trasladar la diferencia a mayores costos laborales
Colombia culminó el 15 de julio la reducción gradual de su jornada máxima laboral de 48 a 42 horas semanales, sin reducción salarial. El cambio abre una discusión relevante para Perú, donde la jornada máxima general continúa siendo de 48 horas: ¿qué tendría que cambiar en las empresas para mantener la productividad si eventualmente se reduce el tiempo de trabajo?
Aunque Perú no tiene actualmente un proceso similar, la experiencia colombiana permite anticipar el principal reto ante una jornada más corta: elevar la productividad por hora sin compensar la menor disponibilidad de tiempo con más horas extras o costos laborales. “Más que preguntarnos cuándo podría reducirse la jornada en Perú, deberíamos preguntarnos si las empresas están preparadas para gestionarla. Cuando hay menos horas disponibles, cada una adquiere mayor valor y la planificación se vuelve mucho más importante”, señala Jorge Delgado, Country Manager de GeoVictoria Perú.
Una jornada más corta puede hacer más visibles tardanzas, ausencias, sobretiempos, turnos mal dimensionados y tareas que no generan valor. Por ello, el primer paso es conocer cómo se utiliza el tiempo de trabajo, identificar las horas efectivamente trabajadas y detectar desviaciones frente a lo planificado. “Las empresas necesitan pasar de simplemente registrar asistencia a gestionar activamente el tiempo de trabajo”, explica Delgado.
Cinco claves para trabajar menos sin perder productividad
Ante un eventual escenario de jornadas más cortas, las empresas pueden comenzar a prepararse a partir de cinco aspectos, de acuerdo explica el Country Manager de GeoVictoria Perú:
Medir las horas efectivamente trabajadas: contar con información sobre asistencia, horarios y cumplimiento de jornada permite medir el tiempo efectivamente trabajado y detectar diferencias frente a lo planificado. Esto es especialmente relevante en operaciones con múltiples sedes, turnos o equipos, donde pequeñas desviaciones pueden afectar la cobertura.
Identificar horas extras y sobretiempos: las horas extras pueden responder a una mayor demanda, pero también revelar problemas de planificación, falta de personal o una distribución ineficiente de turnos. Monitorearlas permite identificar si se trata de casos puntuales o de un patrón que podría elevar los costos ante una eventual reducción de jornada. “Si las empresas necesitan recurrir sistemáticamente a horas extras para completar una jornada que debería estar cubierta con la planificación regular, existe una señal que revisar antes de pensar en trabajar menos horas”, advierte Delgado.
Detectar ausentismo y tardanzas: las ausencias y retrasos también impactan en la productividad. Cuando un colaborador no está disponible en el horario previsto, la empresa puede verse obligada a redistribuir tareas, ajustar turnos o recurrir a horas adicionales para mantener la cobertura. Detectar estos patrones permite anticiparse y evitar una mayor presión sobre los equipos.
Optimizar los turnos: el desafío es mayor en sectores donde la operación no puede detenerse, como retail, logística, manufactura, salud, seguridad, transporte y hotelería. Una jornada más corta requeriría ajustar los turnos según la demanda y asegurar la cobertura en los momentos clave. “Una mala planificación puede generar horas extras, sobrecostos o afectar el nivel de servicio. Por eso, conocer los momentos de mayor demanda es fundamental para distribuir mejor las horas disponibles”, señala Delgado.
Automatizar la gestión del tiempo: La tecnología permite centralizar información sobre asistencia, turnos, horas extras, ausentismo y cumplimiento de jornada, facilitando una visión más completa de la operación y una respuesta más rápida ante desviaciones. “La tecnología no reemplaza la gestión de personas; permite que esa gestión se haga con información y no con supuestos”, sostiene el ejecutivo de GeoVictoria Perú.
Ante una eventual reducción de jornada, el reto será evitar que las horas no disponibles se compensen con sobretiempos. Para ello, será clave anticipar brechas de cobertura, ajustar turnos y reorganizar tareas. La discusión sobre jornadas más cortas también gana espacio en Perú. Un estudio de Bumeran citado por El Peruano señaló que 77% de los especialistas consultados considera posible reducir la jornada manteniendo los salarios, mientras que 92% cree que la tendencia será hacia jornadas más cortas.
La experiencia colombiana plantea así una oportunidad para que las empresas revisen cómo utilizan el tiempo de trabajo y mejoren su productividad. “Trabajar menos horas no debería significar simplemente hacer lo mismo en menos tiempo. El objetivo debería ser aprovechar mejor las horas disponibles”, concluye Delgado.





































