Si se alegró o se jodió en el Perú algún admirador o adversario de su obra, ahora no viene a cuento. Vargas Llosa no está para responder a nadie desde el 2025 en que partió a la eternidad. Agnóstico hasta la muerte, increíblemente se marchó un domingo, el día en que los religiosos descansan

Por: Ítalo Sifuentes Alemán
Periodista, escritor
¿En qué momento se alegró el Perú? Sin lugar a dudas, el 7 de octubre de 2010, fecha en que el país conoció que el peruano Mario Vargas Llosa había ganado el premio Nobel de Literatura. Fue una grata sorpresa para todos, incluido el gran escritor, quien recibió la noticia por teléfono en su domicilio en Nueva York. Todavía emocionado por esta noticia de impacto mundial, llegó a Lima el 13 de diciembre para solo recibir los emotivos saludos, reconocimientos y homenajes de sus connacionales, orgullosos por el merecido galardón que, en Estocolmo, le entregó la prestigiosa Academia Sueca el 7 de octubre de ese año. En 1901 había sido la primera vez que esa institución a un literato otorgó tamaño reconocimiento. Transcurrido más de un siglo, el premio recayó en un peruano, en un arequipeño ciudadano del mundo que, en 1969, en su novela Conversación en la Catedral, hizo que el personaje Zavalita formule la pregunta más repetida de la historia de la literatura nacional: ¿en qué momento se jodió el Perú?
Si se alegró o se jodió en el Perú algún admirador o adversario de su obra, ahora no viene a cuento. Vargas Llosa no está para responder a nadie desde el 2025 en que partió a la eternidad. Agnóstico hasta la muerte, increíblemente se marchó un domingo, el día en que los religiosos descansan. Exactamente fue el domingo 13 de abril. Desde entonces, cada día que pasa, las bibliotecas que llevan su nombre son cada vez más visitadas, sus obras son releídas, analizadas, compartidas, tal vez igual o más que cuando en el 2010 ganó el premio Nobel. Lector empedernido, ese año ya él poseía una colección de más de 30 mil volúmenes de otros autores con los que tal vez, solo tal vez, esté pasando un sano momento de crítica y autocrítica literaria. Solo 74 años contaba cuando ganó, y 75 años cuando estuvimos en su vivienda en Barranco. Aquello fue el 21 de diciembre de 2011, el día que conocí su famosa biblioteca. Ese día, en visita protocolar, el premio Nobel recibió al presidente del Congreso, Daniel Abagattás, quien le hizo conocer que, en reconocimiento por ser el primer Nobel peruano, sería oportuna la creación en Lima de la Biblioteca Mario Vargas Llosa, iniciativa que el literato peruano recogió con mucho agrado, quedando en avanzar en las conversaciones durante las siguientes semanas. La tarde de ese día fue tomada la foto de rigor en la nutrida biblioteca de la casa barranquina. El titular del Parlamento vio culminado su cargo en julio de 2012, y desde entonces no se supo más del tema.
A Vargas Llosa lo volví a ver el año siguiente, el 26 de marzo de 2013, en la Biblioteca Nacional del Perú, en San Borja, donde ese día se develó el busto que lleva su nombre, obra del artista plástico Alonso Núñez. Fue parte del homenaje organizado por dicha biblioteca, cuyo director era Ramón Mujica. En esa ocasión, se entregó a los asistentes el libro conmemorativo titulado Cincuenta años de la Ciudad y los perros (cuya primera aparición fue en octubre de 1963, bajo el sello editorial Seix Barral en Barcelona), el cual el Nobel peruano se dio tiempo para autografiar a varios de sus lectores. En mi ejemplar puso “Para Ítalo, un recuerdo de MVLL”. Lo guardo con mucho aprecio, más que la fotografía que nos tomaron cuando llegó el momento de compartir.
En el develamiento del busto estuvieron presentes el ministro de Cultura, Luis Peirano, el antropólogo Juan Ossio, el poeta Marco Martos, el pintor Fernando de Szyszlo, el escritor Alonso Cueto, el cineasta Luis Llosa, el dramaturgo Édgar Saba, el jurista Raúl Ferrero, la gerente de Prisa Ediciones Perú, Mercedes González, y Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo de dicho grupo editorial.
Ese día, el renombrado literato arequipeño Mario Vargas Llosa tomó la palabra, manifestando ante los asistentes, medio en broma, medio en serio, que “estas cosas suelen ocurrir cuando las personas están muertas”; y, segundos antes, afirmó que “ver representada la propia imagen tiene algo de inquietante, parece como la profecía de una petrificación espero que no inminente”.
Al año siguiente, el 14 de abril de 2014, en Arequipa se inauguró la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa, para la cual el premio Nobel donó su inmensa biblioteca personal. Funciona en el centro histórico de la ciudad, en la calle San Francisco N°306. En el 2010, antes de conocerse al ganador del Nobel de Literatura de ese año, en la Casa de la Literatura Peruana empezó a funcionar la biblioteca Mario Vargas Llosa en homenaje a su trayectoria de escritor. Allí, en el 2018, se inauguró una nueva sala por los investigadores bien aprovechada, como todo en la vida, en cada momento que sea posible.
Leyenda 1: Barranco, biblioteca de Mario Vargas Llosa, quien sostuvo una visita protocolar con Daniel Abugattás, presidente del Congreso.
Leyenda 2: Día de la inauguración del busto a Mario Vargas Llosa en la BNP.
Leyenda 3: El Nobel Mario Vargas Llosa y el periodista Ítalo Sifuentes Alemán.
Leyenda 4: Dedicatoria de Mario Vargas Llosa en el libro conmemorativo Cincuenta años de la Ciudad y los perros.





































