Las edificaciones no solo tienen que ser utilitarias, sino también agradables a la vista. Se entiende hasta la carencia del enlucido en las fachadas de nuestras edificaciones y, ello debido a la situación económica modesta de miles y miles de vecinos, pero no se puede entender la violación de infinidad de normas de edificación que deterioran el ornato de los vecindarios

Por: Antero Flores-Araoz
Para quienes estamos más cerca de la partida de defunción que de la de nacimiento, recordamos que era frecuente, sobre todo en las casas antiguas, un patio trasero que lo llamábamos el gallinero, donde las familias tenían la costumbre de criar gallinas y otros animales menores de consumo humano, como por ejemplo conejos, y en zonas de sierra también cuyes.
Hoy levantamos la vista para ver edificios, cualquiera sea su antigüedad y, vemos en los techos construcciones de carácter provisión, principalmente de madera desechable y encima, como protector para sol y para lluvia, material corrugado, también de plástico, incluso Tecnopor y otros diversos materiales.
No están destinados para gallineros y otras crianzas de corral, sino como áreas de esparcimiento para quienes habitan el edificio, lo que indiscutiblemente tiene sus bemoles.
En efecto, primeramente no gestionaron licencia de funcionamiento para tal edificación provisional, pero que en los hechos se convierte en permanente.
Con tal edificación que no es de material “noble”, en muchas oportunidades se burla el número de pisos máximo permitido en la zona en que se encuentra la edificación, lo cual igualmente es una infracción al Reglamento Nacional de Construcciones y otras disposiciones, tanto de carácter nacional como local o municipal.
Por los materiales empleados es más expuesta a siniestros, como pueden ser incendios y a consecuencias negativas si es que hubiesen movimientos sísmicos.
En cuanto al ornato, las edificaciones a las que nos referimos lucen mal y distan mucho de ser complemento de edificaciones formales y, por supuesto “afean” estas últimas y al barrio en que ellas se localizan.
Tales edificaciones informales, en los hechos están permitidas por los municipios, pues poco o nada hacen para que sean retiradas. Esto es muchísimo más notorio en época electoral, pues concluidas las elecciones generales, serán convocadas las regionales y municipales y, los alcaldes que quieren postular a otros cargos (pues no tienen reelección), como pueden ser a los gobiernos regionales, no desean incordiar a sus vecinos y futuros probables electores, por lo cual se abstienen de cualquier acción correctiva y aplicar las sanciones por el incumplimiento de las normas legales y al pago de los derechos de licencia.
El resultado de las acciones indebidas de los vecinos, al igual que las omisiones de las autoridades municipales, nos llevan a ver nuestras ciudades como gallineros o corrales indebidos.
No pretendemos que en el momento accionen nuestras actuales autoridades locales, aunque si algo hagan las autoridades municipales que las sustituyan, para lo cual el Sector Vivienda pudiese dar algunas directivas y pautas para ello.
Las edificaciones no solo tienen que ser utilitarias, sino también agradables a la vista. Se entiende hasta la carencia del enlucido en las fachadas de nuestras edificaciones y, ello debido a la situación económica modesta de miles y miles de vecinos, pero no se puede entender la violación de infinidad de normas de edificación que deterioran el ornato de los vecindarios.
Antero Flores-Araoz
Parlamentario de 1990 al 2006, incluyendo congresista constituyente
Presidente del Congreso 2004-2005
Embajador ante la OEA 2007
Ministro de Defensa 2008-2009
Premier 2020
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