Una reflexión sobre la inestabilidad presidencial

Por: Antero Flores-Araoz
Evidentemente nos referimos, aunque con la temporalidad al revés, al chau de la señora Dina Boluarte como presidenta de la República, cargo que asumió por vacancia de Pedro Castillo, siendo luego vacada por el mismo Congreso. En el hola resaltamos la asunción del cargo presidencial, en reemplazo de la vacada señora Boluarte, del presidente del Congreso de la República señor José Jerí Oré.
Lo ocurrido tiene sus bemoles, pues más allá de lo que señale el ordenamiento constitucional y legal del Perú, la sensación que deja a tiros y troyanos, es de inestabilidad y desorden, pues en los dos últimos lustros hemos tenido como promedio un presidente por año, lo que nos puede merecer alguna referencia en los registros de Ripley, aunque no para bien.
Lo más triste del caso, por lo menos a nuestro criterio es que la vacancia de doña Dina Boluarte se produce a escasos meses en que convocó elecciones generales para el próximo mes de abril, esto es dentro de seis meses y bien podíamos seguir sufriendo la ineficacia gubernamental que caracterizaba su administración oficial.
Triste también la conducción del Parlamento en su determinación de vacancia, puesto que ella a tenor del artículo 113 constitucional, entre otras causales, es por “su permanente incapacidad moral o física, declarada por el Congreso” o por “destitución , tras haber sido sancionada por alguna de las infracciones mencionadas en el artículo 117 de la Constitución” y ellas son “… por traición a la patria, por impedir las elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales o municipales, por disolver el Congreso (ilegalmente) … y por impedir su reunión o funcionamiento o los del, Jurado Nacional de Elecciones y otros organismos del Sistema Electoral.”
Como podemos advertir, por lo general las reglas constitucionales son de protección a quien ejerce la Presidencia de la República con legitimidad y de mantenerlo en el cargo y, las excepciones son menores y puntuales como la vacancia por “incapacidad moral permanente” que en la práctica se ha convertido en un cajón de sastre, pues sirve para y por todo, pero lo que es peor, permitiendo el Reglamento del Congreso reducir el plazo para la citación a su defensa y el, tiempo de la misma, que se convierten en irrazonables y muy alejados de las disposiciones de tratados sobre Derechos Humanos que tratan en el debido proceso de “plazos razonables”.
En la realidad poco importa determinar la “incapacidad moral permanente” de quien preside la Nación, sino la simple sumatoria de votos, que no tiene razonabilidad.
Lo antes señalado deberá llevar al próximo Congreso que se elija el 2026, a repensar todo lo relacionado con causal de vacancia presidencial por incapacidad moral permanente.
Inmediatamente después de declarada la vacancia del cargo presidencial de la señora Boluarte, acordó por votación impresionante, nombrar en su reemplazo en el cargo, al presidente del Congreso don José Jerí Oré. Increíblemente también se había presentado moción de censura a la mesa directiva del Parlamento presidida por el mismo José Jerí. Felizmente no prosperó tal ilusa y demencial pretensión.
A escasas horas de asunción del cargo al presidente Jerí se le exige con expresiones de altos decibeles que presente a su Consejo de Ministros, como si ello fuese fácil en un país inestable en que los invitados saben que no tendrían tranquilidad en el cargo ni menos en su duración. Si en tiempos de paz y tranquilidad política es complicado que se acepten por personas de bien, despachos ministeriales, en estos tiempos es más difícil pues hay normas exageradas que atentan contra la posición ministerial, como es la Ley de Contrataciones Públicas con relación a la parentela, la Ley de Inteligencia Financiera en que eres persona expuesta políticamente hasta cinco años después que dejaste el cargo, la Ley de Declaración de Intereses y la Ley de Probidad.
Peor aún, en medios y en redes se llama a marchas y manifestaciones contra quien recién se está acomodando en el Sillón de Pizarro, incluso exponiéndose los promotores a dichas acciones a denuncias penales que pudiesen interponerse y a ser repelidos por las fuerzas del orden.
Si ya tenemos nuevo presidente, corresponde dejarlo ejercer sus funciones con probidad y eficiencia. El Perú necesita llegar en paz a las elecciones y realizar una transferencia de poder adecuada, sin sobresaltos.
Antero Flores-Araoz
Parlamentario de 1990 al 2006, incluyendo congresista constituyente
Presidente del Congreso 2004-2005
Embajador ante la OEA 2007
Ministro de Defensa 2008-2009
Premier 2020
Copyright © *|2020|* All rights reserved.
Our mailing address is:
estudio@flores-araoz.com



































