El verdadero reto del país no es aceptar una supuesta mediocridad como destino, sino avanzar en la construcción de una República más justa, moderna e inclusiva

Por: Elizabeth Adrianzen (*)
A lo largo de su historia, el Perú no ha sido un Estado mediocre, sino una nación con una construcción republicana inconclusa desde la independencia. A partir de entonces, el país arrastra profundas herencias del virreinato, como el centralismo, la desigualdad, la exclusión y una cultura política marcada muchas veces por la codicia y el interés particular sobre el bien común.
Posteriormente, se sumaron la inestabilidad política, el caudillismo, la corrupción y una débil institucionalidad que limitaron la consolidación de un Estado moderno y eficiente.
El país ha experimentado importantes períodos de crecimiento a lo largo de la República, en lo económico y la modernización; sin embargo, esos avances no siempre estuvieron acompañados de servicios públicos sólidos ni de una presencia estatal equitativa para toda la población.
Las crisis más profundas se hicieron evidentes durante la década de los 80´s, con el terrorismo, la hiperinflación y el deterioro institucional.
Pese a ello, el Perú también ha demostrado una notable capacidad de resiliencia. En las últimas décadas se registraron avances en reducción de la pobreza, el crecimiento económico, la salud, la participación social y la innovación.
No obstante, persisten desafíos vinculados a la gobernabilidad, la calidad de la gestión pública y la representación política.
El verdadero reto del país no es aceptar una supuesta mediocridad como destino, sino avanzar en la construcción de una República más justa, moderna e inclusiva.
(*) Médico Cirujano con Segunda Especialización en Medicina Integral y Gestión en Salud (UNMSM).
Maestría en Gestión Pública (ESAN).
Doctorado en Educación Universitaria (UPNW).
Miembro fundador de la Comunidad de Prácticas en Atención Primaria de Salud (APS) desde 2019.








































