¿Cuántas generaciones de mujeres caben entre el primer voto femenino y la primera banda presidencial ganada en las urnas?

Por: Melitza Yanzich
Analista Política y Social
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Hay fechas que funcionan como espejo. En 1956, las peruanas votaron por primera vez en una elección general; setenta años después, en 2026, el Perú eligió por primera vez a una mujer como presidenta de la República mediante el voto popular. Entre una fecha y la otra caben nuestras abuelas que nacieron sin derecho a elegir a nadie, nuestras madres que votaron pero rara vez fueron votadas y nosotras, que asistimos al momento en que el techo más alto de la política peruana se rompió. Se puede celebrar o lamentar el nombre propio de quien lo rompió; ese es el derecho de una ciudadanía dividida casi exactamente por la mitad. Pero el hecho histórico no pertenece a un partido: pertenece a la biografía colectiva de las mujeres peruanas. La pregunta que debería ocuparnos no es solo quién llegó, sino qué haremos todas y todos con la puerta que quedó abierta.
La respuesta exige desagregar tres fenómenos que operan de manera simultánea: el símbolo que ya cambió, la realidad que todavía no cambia, y la oportunidad exigente, medible, de ida y vuelta de que este hito deje huella y no solo fotografía.
El primer fenómeno es el simbólico, y conviene no subestimarlo con cinismo. Los símbolos importan porque amplían lo imaginable. Millones de niñas peruanas crecerán sabiendo que la presidencia no es un cargo reservado a los hombres, del mismo modo que las niñas de 1956 crecieron sabiendo, por primera vez, que su opinión contaba en una urna.
El Perú llega además a este hito con señales que la región observa: la nueva Cámara de Diputados tendrá la mayor proporción de mujeres de nuestra historia parlamentaria, fruto de la ley de paridad y alternancia que costó décadas conquistar. El camino fue largo de las 13 congresistas de los años noventa a las 54 diputadas de hoy pero la dirección es inequívoca. Ese avance no lo produjo el azar. Lo produjeron reglas bien diseñadas y mujeres que insistieron.
Las cifras dibujan el avance y, a la vez, la tarea pendiente:
- La Cámara de Diputados 2026–2031 tendrá 54 mujeres de 130 escaños (41,5%), la mayor representación femenina de la historia congresal peruana.
- El Senado, en cambio, apenas alcanza 26,7% de mujeres, y la representación peruana ante el Parlamento Andino, 20%.
- Solo 2 de cada 10 listas al Congreso fueron encabezadas por mujeres (21,7%), y en el Senado apenas 17,2%: la ley exige paridad en las listas, pero los partidos siguen reservando el número 1 para los hombres.
- De las fórmulas presidenciales inscritas para 2026, solo cuatro fueron lideradas por mujeres.
- El Congreso saliente eliminó la paridad horizontal para elecciones regionales y municipales y la alternancia en las planchas presidenciales, un retroceso normativo advertido por la Defensoría del Pueblo.
- Lideresas locales reportan acoso político, amenazas y campañas de desprestigio como razones por las que muchas mujeres desisten de postular.
El segundo fenómeno es el que se vive y se percibe todos los días, lejos de la fotografía oficial. Una mujer en Palacio no deroga, por sí sola, las brechas que las demás enfrentan: la sobrecarga del cuidado que recae casi íntegramente sobre nosotras, la brecha salarial que castiga el mismo trabajo con menor paga, el acoso que expulsa a las lideresas de la política local, la violencia que sigue cobrando vidas de mujeres cada semana. Y conviene decirlo con honestidad intelectual: la biología no es un programa de gobierno. Una presidenta no representa automáticamente a las mujeres por serlo, del mismo modo que setenta años de presidentes no representaron automáticamente a los hombres. A la primera mandataria electa de nuestra historia no debemos medirla con la vara complaciente del símbolo ni con la vara ensañada que la historia suele reservar a las mujeres que llegan primero ese doble estándar que perdona en ellos lo que condena en ellas. Debemos medirla con la única vara justa: la de los resultados, para todas y para todos.
El tercer fenómeno es la oportunidad, y es de ida y vuelta. Para quien gobierna, la posibilidad de dejar una huella que trascienda su nombre: blindar y restituir las reglas de paridad en todos los niveles de elección, sancionar con eficacia el acoso político, construir un sistema nacional de cuidados que libere el tiempo y el talento de millones de peruanas, y demostrar que la seguridad y la economía las urgencias que definieron la elección también se gobiernan con perspectiva de quienes sostienen la mitad del país.
Para nosotras, las ciudadanas, la tarea espejo: no delegar el avance en una sola mujer ni esperar todo de un cargo. La huella se deja también en el directorio que se integra, en la lista electoral que se encabeza, en la asociación de padres que se preside, en la niña a la que se le dice que sí puede. Y para los hombres, que son la otra mitad de esta historia, la tarea de entender que la paridad no es una concesión sino una ganancia: los países donde las mujeres participan plenamente son más prósperos, más seguros y democráticos. El sector privado tiene aquí su propia urna: cada nombramiento, cada ascenso, cada tabla salarial es un voto por el país que dice querer.
Setenta años tardó el Perú en pasar de reconocerle el voto a una mujer a confiarle la banda presidencial. Que no tengamos que esperar otros setenta para que llegar sea normal y no noticia. El símbolo ya está en Palacio. La huella, en cambio, no la dejará una sola mujer: la dejaremos, o no, todas y todos.
En 1956 nos dieron un voto; en 2026 ganamos una presidencia; lo que sigue no se hereda ni se regala: se construye.
Fuentes: Jurado Nacional de Elecciones (JNE) — Proclamación de resultados de las Elecciones Generales 2026 y Observa Igualdad; Defensoría del Pueblo — Pronunciamiento sobre paridad y representación en las Elecciones Generales 2026; Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) — Revista Elecciones, “La paridad aplicada”; Congrezoo / La República — Análisis de listas congresales encabezadas por mujeres, 2026; RPP — Informe sobre la eliminación de la paridad horizontal y la alternancia presidencial, 2024; Ley N° 31030 — Paridad y alternancia de género en listas electorales; CEPLAN — Observatorio de Variables Estratégicas, participación política de la mujer.




































