Esperemos no ser defraudados una vez más, que las buenas intenciones contenidas en las normas glosadas se hagan realidad y que esta vez, la voz del Ministro de Economía y Finanzas, no se torne afónica por la vergüenza de no cumplir lo voceado

Por: Antero Flores-Araoz
El nuevo Ministro de Economía y Finanzas, que procede de las canteras de Pro Inversión, ha lanzado a los cuatro vientos y en altos decibeles, una verdad de Perogrullo. Ella es que para que el Perú progrese se requiere de inversión y, para que ella se realice, es necesario simplificar la tramitología de nuestra patria, a lo que le agregaríamos que es abusiva, reiterativa, abundante y podríamos seguir con los calificativos negativos respecto a ella.
Promete el ministro que el sector gubernamental a su cargo, recoge el guante y se hará cargo de la tarea de simplificar dicha tramitología.
Los ciudadanos, que soportamos la agobiante tramitología estatal quisiéramos creerle, pero solamente le diremos VER PARA CREER, pues no es la primera vez que recibimos dicha promesa, aunque esperamos sea la última.
En otras oportunidades y en los últimos diez años, quienes queremos que el Perú se desarrolle y genere puestos de trabajo que terminen con la desocupación laboral, hemos aplaudido las normas generales que se han dado para ello, pero que lamentablemente sus resultados no han sido los esperados, pues poco o nada se puede mostrar como metas alcanzadas.
Sin ser las únicas normas dictadas, tenemos que recordar nuestra justificada incredulidad, pues ya hemos tenido entre otros al Decreto Legislativo N° 1310, al Decreto Legislativo N° 1448, a la Ley 31696, al Decreto Legislativo N° 1565 y hasta su reciente reglamento aprobado por el Decreto Supremo N° 023-2025-PCM, sin olvidar por cierto al Decreto Supremo N° 063-2021-PCM. Todos ellos y muchos más, supuestamente bregando para contar con la simplificación administrativa que nos haga más llevaderas las cosas.
No pedimos imposibles, solamente que a los administrados por el Estado nos hagan la vida más llevadera, expulsando de la normatividad regulatoria normas y trámites intonsos que enredan las cosas y a no dudarlo, muchas veces sus exigencias son fuentes o pretextos para acciones de corrupción, de ida y de vuelta.
Queremos como Perú, ser país receptor de inversión extranjera, pero se ponen tantos requisitos, trámites, exigencias y por supuesto trabas, que muchos inversionistas “tiran la toalla” y mandan al diablo a los funcionarios incompetentes que les hacen la vida a cuadritos.
Se quiere inversión foránea, pero para los no residentes que llegan al país para firmar contratos, constituir sociedades y demás organizaciones, estaban obligados a obtener un previo permiso de la Superintendencia de Migraciones para ello. ¡Kafkiano!
Somos un país minero y no dejaremos de recordar que es el único al que le cruza, de norte a sur, una cordillera como la de los Andes, con tres ramales, saturados de minerales metálicos y no metálicos. Sin embargo, hemos sido decreciendo más, más y más, en la lista de países amigables a la inversión minera, por tantas trabas absurdas que tienen que soportar quienes ilusamente esperaban un trato amigable, por decir lo menos, de nuestras autoridades.
Esperemos no ser defraudados una vez más, que las buenas intenciones contenidas en las normas glosadas se hagan realidad y que esta vez, la voz del Ministro de Economía y Finanzas, no se torne afónica por la vergüenza de no cumplir lo voceado.



































